Visita a comunidades de Alta Montaña, mayo 2024

Los dias 30 de abril al 3 de mayo de 2024, el equipo de voluntarios de Alta Montaña conformado, en esta oportunidad, por el Padre Marcelo Durango, la hna. Daniela Cerutti, Marcelo Morales y Pamela Catan, visitaron las comunidades de Anfama, San José de Chaquivil, Chaquivil y La Hoyada
Pamela Catán comparte su experiencia a partir de este hermoso relato:

Los regalos de la montaña

El día previo a partir, necesité buscar mi biblia, esa que me acompañó en cada misión desde los 19 años. Sacarla de la biblioteca fue abrir un portal de emociones y recuerdos: caminos, historias, los rostros que me recibieron, aquellos con los que compartimos este amor y que se convirtieron en grandes amigos. Aunque presentía que no iba a usarla, la metí en la alforja, quería llevarla conmigo. Con toda la emoción, dormí apenas unas horas.

Aunque sé andar en caballo, al comienzo tenía el impulso de querer manejarlo como si fuera mi bici, que pisara exactamente en donde yo veía, cuando percibí mi actitud, me relaje y confiando en el instinto del animal que conocía el camino y volvía a la querencia, me dejé llevar. Así empezamos a cruzar en reiterados tramos el rio, en una oportunidad mi caballo trastabilló, a esa altura mi confianza había crecido, sabía que el animal iba a sacarnos de ahí, a los segundos se incorporó y seguimos juntos. Las alforjas inundadas.

Los días siguientes solo hablamos lo necesario, alguna que otra anécdota o historia personal. El silencio se fue apoderando de todo, hasta mis constantes rumiaciones cedieron ante la majestuosidad del paisaje, solo podía maravillarme ante lo sencillo que se presentaba. La ronda frente al fuego, cada tanto animada con guitarra y canto. Los caballos tirándose de espalda cual cachorros cuando los desmontaban para descansar. El rio a menos de 50 metros, arrullaba nuestro sueño. A medida que pasamos entre lugares, admiraba la tranquilidad y la vida sin prisa de sus habitantes. Llegaban después de largos viajes a pie o caballo a través del cerro para la misa, con toda la alegría y el aplomo esperaban que comenzara, conversando o en silencio. Anotaban a sus difuntos en una larga lista de intenciones, en donde los nombres se repetían, porque “esa misa le hacía rezar él”, y había que registrarlo. Los caminos llenándose de colores cuando todos partían hacia sus hogares.


Su sentido de comunidad y de cuidado es tan profundo que, Remigio me sorprendió contando que hacía rezar la misa por quien había sido su maestra, o en el cementerio cuando las personas pasaban de tumba en tumba prendiendo una vela “para alumbrar a los difuntos”. La solidaridad de salir a buscar a los perdidos o subir “a pulso” grandes electrodomésticos de algún vecino. La mesa larga con el alimento del cuerpo y las capillas llenas compartiendo el del alma, disponible para todos aquellos que lo habían recibido por primera vez, porque así es la generosidad de Dios. La ronda en las casas compartiendo fe, vida y sacramentos, por supuesto no necesité mi biblia. La fe sencilla. Cada tanto nos proveían con yuyos para los males estomacales, pan, zapallo y vino que iban directo a las alforjas. La generosidad. La música de Martin y Ángel que, a pesar de su extrema vergüenza que no les permitía casi mirarnos, nos regalaron canciones en acordeón y guitarra que aprendieron a tocar solos. El abrazo sostenido de cada persona, solo por ir a compartir con ellos

En una subida mi caballo resbalo en una piedra laja, caímos juntos. Ante eso podía tirarme o “rebenquiarlo para darle coraje”. Antonio nuestro baquiano, indicó que me tiré y aunque saqué los pies de los estribos no lograba salir. Entonces, le dijo a Marcelo que desde el costado me diera la mano, cosa que hizo en un instante; mientras él se puso abajo en donde iba a caer el caballo, que esperó a que yo no estuviera encima para desplomarse. Afortunadamente ambos salimos ilesos y pudimos continuar el camino. La comunidad y el cuidado.

Anfama, San Jose, Chaquivil y la Hoyada, lugares y personas que llevo en mi corazón, que todavía palpita al compás del andar del caballo con alforjas llenas de regalos que recibí en la montaña.